martes, 17 de mayo de 2011

Crepúsculo de otoño


En el cielo azul
escribo con el dedo.
Crepúsculo de otoño.

Con el haiku inmortal que nos legó hace 250 años el japonés Issa Kobayashi, dejamos constancia de nuestro estupor ante el azul del cielo en el otoño de la sierra. Ya ha entrado el frío aunque no excesivo y aún sin demasiadas lluvias. El otoño nos trae a la sierra a Chema Madoz que nos ofrece algunas de las claves de su obra en una charla acompañada por algunas de sus fotos más hermosas.



        Sería una bonita foto: en el cielo, escribiendo con el dedo como si fuera un lapicero:

Crepúsculo de otoño

        En otro de sus haikus inmortales, Kobayashi se refiere a la luna menguante como al lento deshielo lunar. Metáfora apropiada a estos días en los que también menguan nuestras fuerzas. Estos días transcurren veloces, sin apenas dejarnos tiempo para nada. La contemplación del jardín va quedando relegada y siempre nos gustó disfrutar de la mutación de los colores. Del verde verano al dorado otoñal. El cielo salpicado de estrellas, sin apenas luna que las difumine, requiere del mismo modo toda nuestra atención.

Programa 3 de La isla de Aklan



Música de Devendra Banhart, Jane Birkin, Brahms, Israel Kamakawiwo'ole y Gavin Bryars.
Textos de Rafael Suárez Plácido y Vicente Molina Foix.

La tormenta

Vuelven las tormentas con fuerza. Los días amanecen con el cielo encapotado. Se hace difícil asistir a uno de los espectáculos más hermosos que conozco: el cuarto creciente de la luna desde mi jardín. Ahora mismo empieza a llover con fuerza.  Me dicen que es lo normal en Aracena, que aquí siempre ha sido así. A mí las noches de tormenta no me molestan. Me recuerdan a alguien que les tenía tanto miedo que aprendió a no dormir sin escuchar de cerca mis latidos. Yo le contaba historias que iba improvisando mientras la lluvia golpeaba los altos de mi casa.

        Son fechas de campaña electoral. Siempre evito hablar de política, pero hoy me he tropezado con una noticia muy curiosa. Resulta que el párroco de Aracena ha recomendado el voto al PSOE porque según él es la mejor opción para los cristianos. No voy a criticar que lo haga ya que la mayoría de los obispos han señalado directamente a la derecha. Esto al menos supone un avance. Lo que no deja de sorprenderme es que se refiera al candidato del PP públicamente, en privado allá cada cual con su conciencia, como “el gordo ese al que nadie conoce”. La tormenta cae con más fuerza. Me dicen que es lo normal, que aquí en Aracena siempre ha sido así. El desenlace de la historia no deja de ser curioso. El candidato del PP escribe una carta al obispado de Huelva pidiéndole amparo y le recuerda al párroco de Aracena que no tiene nada que temer de él ni de su partido, que el dinero que el Ayuntamiento está invirtiendo en las obras de la parroquia incluso aumentaría si él llegara a la alcaldía. Lo dicho, prefiero no hablar de política.

        Esta mañana he visto una viñeta de Forges que, además de hacerme reír, me parece que representa lo que algunos pensamos de la mayoría de los políticos en campaña electoral. El marido con el delantal puesto y la sartén en la mano le dice a su señora, que está sentada viendo la tele: “Hoy hago yo de cenar. ¿Dónde está la cocina?” Ahora parece que estos señores se empeñan en hacernos de cenar, pero muy pocos saben siquiera donde está la cocina.

domingo, 15 de mayo de 2011

La mirada encendida, de Ángel Fernández Santos



La Mirada Encendida
Ángel Fernández Santos
Edición de Carlos F. Heredero
Debate
ISBN: 978-84-8306-729-1
613 págs.
Barcelona, 2007

El director de la edición española de la revista Cahiers de Cinema, Carlos F. Heredero, ha editado recientemente los artículos de Ángel Fernández Santos, bajo el título La mirada encendida. Se trata de uno de los tres grandes críticos de cine que hemos conocido y ya han fallecido. Los otros dos serían Alfonso Sánchez y Augusto M. Torres.

 El libro se divide en cinco partes. En  “Claves de una mirada” nos cuenta su particular teoría del cine con ejemplos de clásicos que refuerzan sus palabras, ejemplos que no siempre escoge entre los tradicionalmente considerados clásicos. Para el capítulo de actores una de sus referencias es el trabajo que le valió el Goya a Santiago Ramos, en 1966, en Como un relámpago. Mucho más reconocido es, en cambio, otro de los ejemplos que utiliza, el trabajo de Fernando Fernán Gómez en El viaje a ninguna parte, una de las películas de nuestro mejor cine, al que tanta atención prestó toda su vida Fernández Santos.

        La segunda parte, “Creadores”, es su canon particular de directores y actores preferidos: Orson Welles, James Cagney, Marillyn Monroe, Charles Chaplin o Marlene Dietrich engrosan una nómina que está en la mente de todos, pero también encontramos sorpresas muy cercanas, como nuestra admiradísima Juliette Binoche o, dando un paseo por los arrabales del star system patrio, el genial Luis Ciges.



        “Combates con el presente” reúne algunas de las crónicas que envió desde los principales festivales del mundo: Berlín, Cannes, Venecia, San Sebastián.

        Quizá lo que más vaya a interesar a los posibles lectores sea “Películas de una vida”, que es lo que su título indica: las reseñas más interesantes, no siempre positivas y siempre independientes, aunque tramadas desde dentro de uno de los grupos con más intereses en la industria. Repasamos algunas de las películas escogidas: El apartamento:

El talento incomparable de Wilder lleva dentro una cumbre de la comedia, probablemente la más alta.

        O esa secreta maravilla de contrastes y belleza que es La bella mentirosa, de Jacques Rivette:

No es posible dejar pasar por alto la formidable aventura que esta obra emprende dentro las zonas más delicadas y menos exploradas del cine…

        O dos de las más grandes películas de la ya mencionada Juliette Binoche: Herida, de Louis Malle:

un islote que emerge muy por encima del suelo del cine europeo…

        Y Tres colores, Azul,

Kieslowsky sigue remando en solitario río arriba y pese a ello, o precisamente por ello, se ha convertido en un clásico vivo del cine europeo…
       
        O Caro diario,

genuino cine de autor, como el de Chaplin y pocos más...

        O la mejor película del mejor Julio Medem, Los amantes del Círculo Polar:

un esfuerzo del cineasta de avanzar hacia su prehistoria íntima, lo que debe hacer siempre un artista…

        En “Autorretratos”  se recogen los artículos que hizo sobre las películas en las que él mismo se implicó como guionista, El Sur de Victor Erice, para muchos de las mejores españolas de todos los tiempos, entre ellas. Todo un seguro. Un libro indispensable no sólo para los amantes del cine, para cualquier curioso que desee entender algo más del siglo XX.

domingo, 8 de mayo de 2011

Gritar, de Ricardo Menéndez Salmón


Gritar
Ricardo Menéndez Salmón
Lengua de Trapo
ISBN: 978-84-8381-017-0
121 páginas
Madrid, 2007

¿Por qué no se editan más libros de relatos? Ya son muy pocas las editoriales que les dan cierto margen. Una de ellas, de las más interesantes, es Lengua De Trapo, dirigida por Pote Huerta, que en sus inicios apostó por las ya clásicas Páginas Amarillas y Líneas Aéreas, dos antologías magníficas que reunieron a lo mejor del relato español, la primera, y sudamericano, la segunda. Ahora publica este Gritar, del novelista español revelación de 2007 con La Ofensa (Seix Barral), Ricardo Menéndez Salmón. Se trata de su segundo libro de relatos, tras Los Caballos Azules (Trea, 2005), donde ya mostraba su gran capacidad para este género.



 Casi todas las historias de Gritar tratan de personas aparentemente normales que en un momento dado de sus vidas se cruzan con la muerte de un ser querido. En casi todas ellas, además, la escritura o la lectura ocupan un lugar predominante en sus acciones.

        “La vida en llamas”, el relato que inicia el libro, cuenta la historia de un joven que cuida a su padre en sus últimos días leyéndole un libro que parece que los une a ambos como nunca antes. Mientras tanto él fantasea con la vecina embarazada. Las mujeres embarazadas son también una constante en la obra de Ricardo Menéndez Salmón. “La vida en llamas” nos habla del poder sanador de la literatura, de cómo es posible que nos una más a los seres más queridos, porque a veces olvidamos que lo son.

El título del libro no importa demasiado. En cualquier caso, puedo asegurar que contaba una de esas historias que merecen ser escuchadas al menos una vez en la vida.
       
        Y el padre del narrador pudo hacerlo. Y este comprendió:

cuánto dolor existe en cada vida que nos rodea: la de las mujeres que esperan, la de los hijos que pierden a sus padres, la de los hombres en llamas.

En “Hablemos de Joyce si quiere” un joven aspirante a escritor que sobrevive haciendo encuestas sube al piso de un señor que le es extrañamente familiar y que con el tiempo lo será aun más.

Así que conoce a Joyce —dice el Martín cincuentón—. Hablemos de Joyce si quiere. ¿Es usted escritor?

        Así comienza todo. “A nuestros amores” cuenta la historia de un pintor que recuerda a una novia con la que fue a ver Al final de la escapada, de Jean Luc Godard. Tras ver la película se besaron de una forma tan apasionada que sintieron que ya nunca nada iba a ser igual. Es curioso: a mí me ocurrió algo parecido.

        En todas las historias aparece la literatura o el cine, el arte que, como ya escribió Vila-Matas, da sentido intelectual a nuestras vidas. La única historia que no sigue este axioma es la que da título al libro, “Gritar”, que el autor dedica a Hipólito G. Navarro, el contador de cuentos onubense, y que sigue el método cortazariano, que tanto ha cultivado Hipólito, de tratar lo extraño como si no lo fuera, creando así situaciones extrañas e impactantes. Los que aún no conozcan al narrador gijonés Ricardo Menéndez Salmón tienen aquí una formidable excusa para pasar un buen rato, leyendo historias sobre la vida y el arte, conocerse un poco más a sí mismo y, de paso, conocer a uno de nuestros mejores narradores actuales.

Esquelas

Estos días nos quedamos en casa y volvimos a encender las chimeneas mientras disfrutábamos las canciones de Bob Dylan, reciente Premio Príncipe de Asturias de las Artes. En 2002 fue Woody Allen. Estamos hablando de dos de las personas más importantes de la segunda mitad del siglo XX. A Dylan se lo han dado por ser:

faro de una generación que tuvo el sueño de cambiar el mundo.



        Habría que añadir que no lo consiguieron y se acomodaron en los sitios más altos del poder desde los que dan premios como este. ¿Quién escribirá estas esquelas? Desde luego si Dylan la lee no creo ni que venga a recogerlo. Nunca se sabe. Si cantó para Juan Pablo II todo es posible. Ojalá no lo hubiera hecho.

sábado, 7 de mayo de 2011

Calle de las Tiendas Oscuras, de Patrick Modiano



Calle de las Tiendas Oscuras
Patrick Modiano
Premio Goncourt
Editorial Anagrama
233 páginas
NOVELA

La mejor noticia que nos ha dado últimamente la industria editorial española es la recuperación de los libros del francés Patrick Modiano.



        El último caso es esta brillantísima Calle de las Tiendas Oscuras, con la que obtuvo en 1978 el Premio Goncourt y que edita Anagrama, como ya hiciera el año pasado con Un pedigrí y En el café de la juventud perdida.

        Un hombre aparece en París sin saber ni recordar nada de sí mismo y comienza a indagar en su pasado. Los pocos detalles que va conociendo le llevan al periodo de la ocupación, de los primeros años cuarenta. Dos mujeres hermosas y dos amigos se vislumbran entre nieblas y, poco a poco, nuestro protagonista va encontrando su sitio entre ellos.

        El lector se siente llevado de una realidad, que no sabe si es la cierta, a otra más grave que va tomando forma y deja ver las siluetas precisas. La historia de Guy Roland, si es que ese era su nombre, es la historia de Francia y la historia del mundo.

        Las novelas de Patrick Modiano, y esta es sin duda una de las mejores, siempre nos hablan de nosotros mismos.