lunes, 2 de mayo de 2011
La isla de Aklan. Programa 1
Sida mental. (De Lionel Tran)
Sida mental
Lionel Tran
Editorial Periférica
155 páginas
15 euros
NOVELA
En 1986 el protagonista lee en un editorial sobre su generación: “Es una juventud que padece sida mental. Ha perdido su inmunidad natural. Todos los virus degenerativos la afectan.”
La impagable labor de rastreo que realizan los editores de Periférica a lo largo de toda Europa y Sudamérica no deja de procurarnos gratas sorpresas. Un buen ejemplo es esta corrosiva novela del francés, inédito hasta la fecha en España, Lionel Tran (1971).
El autor bucea en los acontecimientos, públicos y privados, que han ido marcando su vida, y nos deja este documento sobre cómo le afectaron las relaciones: con su madre, producto desorientado, no sé si típico, del 68; con sus amigos y hermanas, con los que siempre se tantean planteándose relaciones de poder; y con los demás adultos, a los que no comprende.
Realismo sucio, en el sentido de que nos cuenta los hechos tal y como sucedieron en su cabeza, cómo lo expulsaron del Paraíso, sin adornos, sin retóricas vanas, pero siempre inquietante. Realismo sucio del que siempre nos llega.
domingo, 1 de mayo de 2011
Verdetriste
Cada vez me acompaña más la soledad (…) Antes de comer me voy a dar unos paseos por el jardín, que huele verdetriste, que perfuma de ausencias y de nada. En la parte de atrás había un chopo blanco que olía a galgo y a Soria. Ahora mismo no sabría decir si sigue ahí o lo talaron por alguna razón. Voy a levantarme a mirarlo.
Así es, son días que huelen verdetristes. Mi jardín también huele así. No hace ni un mes que murió Bergman y ayer murió Paco Umbral. Así acaba el libro de los suyos que más ha llenado mi vida, Diario político y sentimental. No es la maravillosa elegía novelada de Mortal y rosa ni la lengua afilada y punzante, a veces también certera, de Las palabras de la tribu, pero tiene mucho de ambos y de todos sus libros y sobre todo tiene su prosa, una prosa que siempre extraía belleza de donde no la había, una prosa que se convertía en la auténtica protagonista del libro, de todos sus libros.
Hacía ya bastante tiempo que sus artículos dejaron de interesarme. Demasiados agradecimientos. A Pedro J. Ramírez por montar su proyecto sobre la piedra angular de su artículo diario, y lo que es mucho peor, a Aznar por el Cervantes. Claro que lo mereció, pero también creo que ahí fue donde empezó a dejarnos. La maldición del Cervantes que sólo se saltó Torrente Ballester con Filomeno a mi pesar.
Así es, son días que huelen verdetristes. Mi jardín también huele así. No hace ni un mes que murió Bergman y ayer murió Paco Umbral. Así acaba el libro de los suyos que más ha llenado mi vida, Diario político y sentimental. No es la maravillosa elegía novelada de Mortal y rosa ni la lengua afilada y punzante, a veces también certera, de Las palabras de la tribu, pero tiene mucho de ambos y de todos sus libros y sobre todo tiene su prosa, una prosa que siempre extraía belleza de donde no la había, una prosa que se convertía en la auténtica protagonista del libro, de todos sus libros.
Hacía ya bastante tiempo que sus artículos dejaron de interesarme. Demasiados agradecimientos. A Pedro J. Ramírez por montar su proyecto sobre la piedra angular de su artículo diario, y lo que es mucho peor, a Aznar por el Cervantes. Claro que lo mereció, pero también creo que ahí fue donde empezó a dejarnos. La maldición del Cervantes que sólo se saltó Torrente Ballester con Filomeno a mi pesar.
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jueves, 28 de abril de 2011
Estambul, de Ohran Pamuk
Leo un libro realmente hermoso. Lo es como objeto y como conjunto de historias que son todas la misma. La historia de un niño y de una ciudad. Estambul, de Ohran Pamuk.
Desde niño me he pasado largos años creyendo en un rincón de la mente que en algún lugar de las calles de Estambul, en una casa parecida a la nuestra, vivía otro Orham que se me parecía a mí en todo, que era mi gemelo, exactamente igual a mí.
A veces observamos hechos que nos ocurren y pensamos que le pasan a otro. A veces observamos hechos que pasan a otros y pensamos que nos están ocurriendo a nosotros. El autor que mejor ha tratado el tema del otro es Borges. Él siempre añoró ser otro diferente del que era y así lo dejó ver constantemente en sus escritos. De todos sus libros me quedo con un librito de poemas que publicó en 1961, El otro, el mismo. Entre sus páginas hay joyas como el "Poema conjetural", donde podemos leer estos versos:
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Es fácil imaginarse a uno mismo como un Laprida derrotado y humillado por bárbaros a los que previamente has dado la independencia, por bárbaros que no son mejores que tú. Me gusta especialmente este libro en el que El Otro es un Dios que crea escribiendo y que a veces se llama Homero, a veces Milton, a veces Cervantes. Hay quien piensa que desde Homero ya está todo inventado: los raptos pasionales, las batallas más o menos justas, los intentos vanos o no de los hombres por asumir el poder, la justicia o la injusticia de los dioses, los libros de aventuras y de viajes, el azar, la más hermosa historia de amor. Es posible, no lo niego. Pero aun así, no dejaré de encontrar belleza y compañía en libros de autores actuales.
Desde niño me he pasado largos años creyendo en un rincón de la mente que en algún lugar de las calles de Estambul, en una casa parecida a la nuestra, vivía otro Orham que se me parecía a mí en todo, que era mi gemelo, exactamente igual a mí.
A veces observamos hechos que nos ocurren y pensamos que le pasan a otro. A veces observamos hechos que pasan a otros y pensamos que nos están ocurriendo a nosotros. El autor que mejor ha tratado el tema del otro es Borges. Él siempre añoró ser otro diferente del que era y así lo dejó ver constantemente en sus escritos. De todos sus libros me quedo con un librito de poemas que publicó en 1961, El otro, el mismo. Entre sus páginas hay joyas como el "Poema conjetural", donde podemos leer estos versos:
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Es fácil imaginarse a uno mismo como un Laprida derrotado y humillado por bárbaros a los que previamente has dado la independencia, por bárbaros que no son mejores que tú. Me gusta especialmente este libro en el que El Otro es un Dios que crea escribiendo y que a veces se llama Homero, a veces Milton, a veces Cervantes. Hay quien piensa que desde Homero ya está todo inventado: los raptos pasionales, las batallas más o menos justas, los intentos vanos o no de los hombres por asumir el poder, la justicia o la injusticia de los dioses, los libros de aventuras y de viajes, el azar, la más hermosa historia de amor. Es posible, no lo niego. Pero aun así, no dejaré de encontrar belleza y compañía en libros de autores actuales.
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miércoles, 27 de abril de 2011
Las tormentas
Vuelven las tormentas con fuerza. Los días amanecen con el cielo encapotado. Se hace difícil asistir a uno de los espectáculos más hermosos que conozco: el cuarto creciente de la luna desde mi jardín. Ahora mismo empieza a llover con fuerza. Me dicen que es lo normal en Aracena, que aquí siempre ha sido así. A mí las noches de tormenta no me molestan. Me recuerdan a alguien que les tenía tanto miedo que aprendió a no dormir sin escuchar de cerca mis latidos. Yo le contaba historias que iba improvisando mientras la lluvia golpeaba los altos de mi casa.
Son fechas de campaña electoral. Siempre evito hablar de política, pero hoy me he tropezado con una noticia muy curiosa. Resulta que el párroco de Aracena ha recomendado el voto al PSOE porque según él es la mejor opción para los cristianos. No voy a criticar que lo haga ya que la mayoría de los obispos han señalado directamente a la derecha. Esto al menos supone un avance. Lo que no deja de sorprenderme es que se refiera al candidato del PP públicamente, en privado allá cada cual con su conciencia, como “el gordo ese al que nadie conoce”. La tormenta cae con más fuerza. Me dicen que es lo normal, que aquí en Aracena siempre ha sido así. El desenlace de la historia no deja de ser curioso. El candidato del PP escribe una carta al obispado de Huelva pidiéndole amparo y le recuerda al párroco de Aracena que no tiene nada que temer de él ni de su partido, que el dinero que el Ayuntamiento está invirtiendo en las obras de la parroquia incluso aumentaría si él llegara a la alcaldía. Lo dicho, prefiero no hablar de política.
Esta mañana he visto una viñeta de Forges que, además de hacerme reír, me parece que representa lo que algunos pensamos de la mayoría de los políticos en campaña electoral. El marido con el delantal puesto y la sartén en la mano le dice a su señora, que está sentada viendo la tele: “Hoy hago yo de cenar. ¿Dónde está la cocina?” Ahora parece que estos señores se empeñan en hacernos de cenar, pero muy pocos saben siquiera donde está la cocina.
Son fechas de campaña electoral. Siempre evito hablar de política, pero hoy me he tropezado con una noticia muy curiosa. Resulta que el párroco de Aracena ha recomendado el voto al PSOE porque según él es la mejor opción para los cristianos. No voy a criticar que lo haga ya que la mayoría de los obispos han señalado directamente a la derecha. Esto al menos supone un avance. Lo que no deja de sorprenderme es que se refiera al candidato del PP públicamente, en privado allá cada cual con su conciencia, como “el gordo ese al que nadie conoce”. La tormenta cae con más fuerza. Me dicen que es lo normal, que aquí en Aracena siempre ha sido así. El desenlace de la historia no deja de ser curioso. El candidato del PP escribe una carta al obispado de Huelva pidiéndole amparo y le recuerda al párroco de Aracena que no tiene nada que temer de él ni de su partido, que el dinero que el Ayuntamiento está invirtiendo en las obras de la parroquia incluso aumentaría si él llegara a la alcaldía. Lo dicho, prefiero no hablar de política.
Esta mañana he visto una viñeta de Forges que, además de hacerme reír, me parece que representa lo que algunos pensamos de la mayoría de los políticos en campaña electoral. El marido con el delantal puesto y la sartén en la mano le dice a su señora, que está sentada viendo la tele: “Hoy hago yo de cenar. ¿Dónde está la cocina?” Ahora parece que estos señores se empeñan en hacernos de cenar, pero muy pocos saben siquiera donde está la cocina.
sábado, 23 de abril de 2011
Almendras amargas
Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.
Le leo el inicio de El amor en los tiempos del cólera a una amiga muy querida, y me recuerda que el olor de las almendras amargas es el olor del cianuro. Y las lilas siguen creciendo junto a mi ventana que da al monte San Ginés. Yo de mayor quiero ser Florentino Ariza y ya voy perfilando el color de los ojos de Fermina Daza, negros y con rasgos orientales.
Le leo el inicio de El amor en los tiempos del cólera a una amiga muy querida, y me recuerda que el olor de las almendras amargas es el olor del cianuro. Y las lilas siguen creciendo junto a mi ventana que da al monte San Ginés. Yo de mayor quiero ser Florentino Ariza y ya voy perfilando el color de los ojos de Fermina Daza, negros y con rasgos orientales.
viernes, 22 de abril de 2011
Contra Elliot
Repaso el libro de Murakami. Me encanta el personaje de Midori, al que reconozco a mi lado, y me encuentro con algo que también ya intuía:
Cuando terminó abril llegó el mes de mayo; mayo fue mucho peor que abril. En mayo, en plena primavera, ya no pude evitar sentir cómo se estremecía y temblaba mi corazón.
En mayo siguen creciendo lilas junto a mi ventana y me encuentro por azar con la triste noticia de la muerte de José Watanabe. Justo ahora, cuando empezaba a hacerse un hueco entre nosotros. Me acerqué a sus libros a través de la antología Elogio del refinamiento:
Hubiera querido inscribir mi poema en todo el paisaje
pero mi ojo, arbitrariamente, lo ha excluido
y solo vuelve con obsesiva precisión
a aquel bello y extremo problema de texturas:
el muslo
contra la roca.
Recuerdo que yo también pensé en texturas, en tu muslo contra la roca. Yo soy la roca. Tú eres Mara. La vida de José Watanabe fue una vida cargada de muertes prematuras que formaron un intenso poso que, en lugar de agriar su carácter, lo hizo adicto a la belleza, al refinamiento. Él ya sabía de la proximidad de la muerte mientras escribía el último de sus libros: Banderas detrás de la niebla, y quizá por ello llegó a fundirla con la vida y la colmó de belleza en el intenso poema “Orgasmo”:
¿Me dejará la muerte
gritar
como ahora?
Quizás oigamos sus gritos a través de sus libros.
Cuando terminó abril llegó el mes de mayo; mayo fue mucho peor que abril. En mayo, en plena primavera, ya no pude evitar sentir cómo se estremecía y temblaba mi corazón.
En mayo siguen creciendo lilas junto a mi ventana y me encuentro por azar con la triste noticia de la muerte de José Watanabe. Justo ahora, cuando empezaba a hacerse un hueco entre nosotros. Me acerqué a sus libros a través de la antología Elogio del refinamiento:
Hubiera querido inscribir mi poema en todo el paisaje
pero mi ojo, arbitrariamente, lo ha excluido
y solo vuelve con obsesiva precisión
a aquel bello y extremo problema de texturas:
el muslo
contra la roca.
Recuerdo que yo también pensé en texturas, en tu muslo contra la roca. Yo soy la roca. Tú eres Mara. La vida de José Watanabe fue una vida cargada de muertes prematuras que formaron un intenso poso que, en lugar de agriar su carácter, lo hizo adicto a la belleza, al refinamiento. Él ya sabía de la proximidad de la muerte mientras escribía el último de sus libros: Banderas detrás de la niebla, y quizá por ello llegó a fundirla con la vida y la colmó de belleza en el intenso poema “Orgasmo”:
¿Me dejará la muerte
gritar
como ahora?
Quizás oigamos sus gritos a través de sus libros.
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